El espacio entre las luces y las sombras.
Hay una delgada linea que separa la luz de la sombra. Es un hilo fino fulgurante y nebuloso, es el contraste entre dos elementos discordes. Si te fijas bien, es muy oscuro, el tipo de oscuridad insondable que no se deja ver aunque se mire, como una inexistencia contenida en un fragmento minúsculo de tiempo y de espacio.
Sin embargo, cuando titubea tu atención, cuando desvías por un segundo la mirada, refulge, rutila, resplandece; como una visión errónea que sobrevuela por la comisura del ojo, un sueño que se desvanece al despertar, o un fausto recuerdo de veracidad dudosa.
Y en este mundo de hallazgos serendípicos, universo atemporal que se genera entre claroscuros, muchos fueron los sueños desmenuzados y olvidados.
Pero esos sueños olvidados que acunaban su nacimiento, abandonados antes de conformarse, eran fríos y distantes, cambiantes e impredecibles.
De esos pedazos de sueños perdidos en el inmenso cosmos sideral emergieron las intemperadas. Imitando a todos aquellos seres bípedos que pululan por la tierra, tienen piel, huesos, voces y miradas. Son seres concebidos a la intemperie, en el seno de una marabunta de otras cosas que generalmente no tienen importancia. De alguna manera que aún se desconoce, las crearon desafinadas, atemperadas, con igual apariencia que los seres convencionales pero distinta sustancia. Como si de una partícula muy pequeña hubieran hecho infinidad de pedazos, y los hubieran vuelto a unir para simular que es lo mismo; un fragmento hecho de retazos de sí mismo.
Y, con esas pequeñas partículas remedadas, las moldearon.
Fue un nacimiento egoísta, para suplir de forma a las emociones sin nombre, para llenar vacíos y vaciar cielos extraños de expectativas superpuestas. A pesar de todo esto, eran capaces de aparentar normalidad. Tenían facciones comunes, anodinas a primera vista, pero, cuando desviabas la vista un instante, resplandecían, fluctuaban. Era tan ínfimo el instante que incluso para ellas pasaba desapercibido, pero sucedía todas y cada una de las veces que se reflejaban por accidente en cualquier superficie acuosa o cristalina. Con el tiempo, esta aparente normalidad se veía corrompida.
Y las deformidades comenzaron a manifestarse: afloraron las taras, los tics, las enfermedades. Se descolocaron los recuerdos, se reprimieron los comportamientos. Mintieron.
Sus antepasados fueron ingenuos e ignorantes. No sabían que aquella creación era un fraude, ni si quiera intuían a lo que habían condenado a aquellas pobres criaturas. Seres humanóides con la necesidad de demostrar su humanidad. Metahumanos, ejerciendo las bondades de los vivos para merecer tal nombre.
A veces brillaban, como una gran estrella distante a punto de ejercer su soberana muerte. A veces se apagaban, como la forma lejana que dejas de ver cuando el sol te deslumbra. En algunos lugares, y con demasiada frecuencia, arrasaban, quemaban, enterraban, rompían.
Sin embargo, en otros, de forma insólita, daban vida, acariciaban, besaban con ternura.
Y abrazaban.
El abrazo era para ellas un sustento necesario, una motivo para seguir viviendo a pesar de las taras. Una forma de completarse. Porque la sustancia remedada que las componía permitía que otro ser se amoldase, que encontrase los espacios adecuados para adentrarse muy hondo.
Buscaron anhelantes otros seres con quienes fuesen capaces de fundirse en uno solo, por un instante. Su naturaleza atemporal les permitía atesorar en un momento lo que es efímero, y poco a poco sus partes se llenaron de retazos de otros sueños que continuaban la historia de los suyos.
De esos sueños olvidados que acunaron su nacimiento, abandonados antes de conformarse, aprendieron que sí había una manera de sentirse dueñas de su propia existencia.
El misterio de su creación se veía resuelto por la búsqueda del mismo, autocumpliendo una profecía nunca formulada.
Y el abrazo se convirtió en el medio para saber qué hay en el espacio entre las luces y las sombras.
Y el abrazo se convirtió en el medio para saber qué hay en el espacio entre las luces y las sombras.




Comentarios
Publicar un comentario